El precio de la web es la mitad de la historia: la otra mitad es lo que pagás todos los años. Desglose real de costos, qué pasa si no hay mantenimiento y cómo elegir un plan.

Cuando alguien contrata una web, suele pensar en el costo como un pago único. Meses después llega la sorpresa: el dominio que vence, el hosting que se renueva, la actualización que rompió algo, el certificado que expiró sin aviso. El mantenimiento no es un gasto oculto: es el costo de que la web siga viva, segura y vendiendo.
Sumando: un sitio institucional típico cuesta entre US$150 y US$600 al año solo en infraestructura. Si tu presupuesto anual es cero, en algún lado va a fallar.
El mantenimiento preventivo se paga solo cuando lo comparás con la alternativa:
El mantenimiento correctivo es apagar incendios: pagás cuando algo se rompe, a las apuradas, con la web caída y los clientes mirando. El preventivo es lo opuesto: actualizaciones al día, backups que se prueban, monitoreo que avisa antes de que el cliente note algo, y horas incluidas para los cambios chicos. El primero parece más barato hasta que ocurre la primera emergencia.
La regla es simple: si tu web trae clientes, el mantenimiento no es un gasto, es parte del costo de vender. Un negocio que factura todos los meses por su web no puede darse el lujo de tenerla caída una semana o de perderla por un hackeo. En cambio, una web institucional que solo existe 'por presencia' puede vivir con un plan básico de monitoreo y backups.
En PixelArch los planes de soporte arrancan en US$25 al mes (básico: monitoreo, backups, actualizaciones, SSL) y US$200 al mes (premium: todo lo anterior más horas de desarrollo y prioridad). Si no sabés cuál te corresponde, contanos cómo usás tu web y te decimos qué plan tiene sentido — sin venderte el más caro.
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